“Todo comenzó en una habitación de paredes azules llena de estrellitas que se iluminan en la oscuridad. Sólo un pupitre y una cama, suficiente por si alguien venía a dormir a casa. Pero esa habitación era tan especial…, por lo menos para mí. Ahí echaba mis siestas, arropadita hasta las orejas aunque estuviéramos en pleno agosto, o me ponía con el libro que tuviera en ese momento. Los móviles no tenían aún tanto protagonismo y la vida se disfrutaba y pasaba de otra manera. Era mi pequeño rincón, mi escondite, mi habitación azul como yo la llamaba. 

Una tarde de verano, rezagada tras la siesta, mirando las paredes tan azules, que me encantaban, pero tan vacías a la vez, mi cabeza comenzó a idear, faltaba color, faltaba vida, faltaba un sueño por cumplir y así comenzó mi primera gran aventura. Dediqué cuatro días a pintar mi primer mural, echaba allí la siesta, aprovechaba cada minuto, cada rayo de sol para ver mejor los colores y hacer mejor las mezclas… .

‘El Principito’ sería mi guía.

Un día después de dar mi última pincelada, una llamada.

¡¡¡Estaba EMBARAZADA!!!”