Cómo empezó todo

Aún recuerdo esa tarde de domingo de mediados de agosto. Desperté, miré la pared y me fui a buscar el libro de El Principito. No tardé en coger papel y lápiz y empezar a hacer bocetos.

Con maletín en mano, miré por última vez aquella pared vacía y comencé a pintar tras colgar antes mi pequeño boceto de El Principito.
No más de cuatro tardes necesité para terminarlo.
El día que firmé el mural, la luz del sol me había ganado aunque mi empeño insistió en terminarlo. Aquella noche dormí allí, con El Principito.
A la mañana siguiente. Una llamada.
¡¡¡Estaba EMBARAZADA!!!

Un poquito de mi

Es difícil estar en las nubes con los tiempos que corren. Aun así, todos necesitamos ese pequeño espacio, nuestro pequeño rincón, donde poder evadirnos.

Mi primera lectura de El Principito dio pie a más de una decena. Su filosofía, su forma de enseñarnos la vida, forma parte de mi filosofía.
¿Por qué crecer y perder esa inocencia en la vida? ¿Por qué dejarla escapar y olvidarnos de ella?

Quisiera sentir de nuevo las gotas de agua salpicando mi ropa tras meterme en los charcos.
Reír hasta salirme agujetas o dolerme la tripa.
Coger los patines y bajar esa cuesta por la que todos los días paso.
Cerrar los ojos, abrir los brazos, sentir el aire en mi rostro, dibujar una sonrisa y dejarme llevar.

Quiero vivir y seguir sintiendo aquello que a los más pequeños les hace ser feliz.
No quiero perder esa inocencia que sin más te hace sonreír.

¿Qué Busco?

Trasmitir, crear espacios con vida, donde los más peques puedan crecer en un pequeño mundo que sea único para ellos, suyo.
Rincones donde los sueños se hacen realidad, donde la imaginación es la protagonista, acompañada de la creatividad.

Árboles cobrando vida en cualquier inesperado momento.
El Principito esperando a su amiga La Niña de las Mariposas.
Un trocito de bosque acompañado por pequeños fisgones...

Rincones especiales que te invitan a pasar, quedarte y comenzar a soñar, aunque el tiempo pase.